Para mantener y aumentar la riqueza personal, es importante dotarse de las habilidades necesarias para administrar con éxito los medios económicos de los que se dispone. Para considerarse financieramente capaz, se ha de saber cómo gestionar las finanzas individuales o familiares. En este sentido, la capacidad de planificar con anticipación resulta esencial y es una destreza transversal que puede motivar decisiones más acertadas vinculadas a productos o servicios financieros. La educación financiera y sus claves engloban numerosos conceptos que deben revisarse en su contexto para servir de guía en el desempeño económico.

Educación financiera

La educación financiera es, según la definición de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un proceso en el que el usuario de servicios e inversores mejora su comprensión de los productos, riesgos financieros, bases reguladoras, instrucciones y consejos objetivos asociados.

A lo largo de dicho proceso, desarrolla las habilidades y la confianza para estimar con certeza los riesgos y ocasiones financieras, y tomar decisiones sobre la base informativa de un valor. Además, se familiariza con los puntos donde puede encontrar ayuda y adopta otras medidas efectivas para mantener o incrementar su riqueza.

La información disponible para cada ámbito financiero cubre hechos, datos y conocimientos específicos por medio de los que las personas acceden a oportunidades financieras y alternativas, y ofrece un enfoque predictivo de las consecuencias de la elección. Las instrucciones garantizan capacitación: las personas adquieren habilidades para comprender las condiciones financieras. Algunos consejos ayudan a comprender los asuntos financieros generales y permiten un mejor aprovechamiento de la información e instrucciones puestas a disposición del consumidor bancario, del inversor, del empresario…

Algunos conceptos clave

Ahora, se repasan algunos conceptos troncales de la educación financiera.

Capacidad de compra

Para determinar con éxito la capacidad de compra, se deben tener en cuenta dos aspectos clave: los ingresos y el incremento del coste de la vida, es decir, de los bienes y servicios que se necesitan para vivir. Sobre los ingresos, todo el mundo está familiarizado. Se trata del dinero proveniente del salario, la venta de propiedades, las inversiones, etc. Con respecto al cálculo del incremento del coste de la vida, el índice de precios al consumo (IPC) es un indicador fiable y popular que expresa de forma porcentual la evolución de los precios en artículos y servicios básicos.

Para ver claro cómo se articulan juntos todos estos factores para representar la capacidad de compra, se puede considerar el siguiente ejemplo: si una persona ingresa un 7 % más con respecto al año anterior, y el IPC solo se incrementa un 2 %, se tendrá un 5 % más de capacidad de compra.

Diversificación de inversiones

Este es otro concepto que se escucha muy a menudo. El mensaje que se esconde detrás de esta filosofía o modalidad de inversión implica situar el capital en diferentes lugares, con el objetivo de limitar el riesgo de la posición total. Al fin y al cabo, hay menos probabilidades de perder el dinero invertido si este se encuentra bloqueado en inversiones de diversa índole. En caso contrario, es decir, aportando todo el capital en la misma inversión, si esta no funciona, puede suponer la pérdida total de la partida.

La educación financiera y sus claves constituyen un marco que mejora la capacidad decisoria. Desde Aválam invitamos a nuestros clientes a estar bien informados sobre su evolución económica para poder anticiparse, por ejemplo, a situaciones de infra cobertura o falta de liquidez. Empezamos en el año 1981 a prestar nuestros servicios de financiación para pymes y autónomos y, desde entonces, hemos visto crecer la cultura financiera en muchos ámbitos de la sociedad. En cualquier caso, nuestro papel sigue siendo el mismo: servir de guía y soporte en el proceso de desarrollo de las empresas.