Todos los trabajadores por cuenta propia se encuentran obligados a presentar, trimestralmente, sus declaraciones de IVA e IRPF. Sin embargo, pese a que las liquidaciones pueden resultar pesadas y farragosas, existen diferentes tipos de beneficios fiscales para el autónomo que optimizan sus recursos económicos. ¿Cuáles son? En esta entrada los detallamos.

Qué es el beneficio fiscal

Antes de especificar los beneficios fiscales, hemos de conocer su definición. Son ventajas otorgadas por parte de las instituciones públicas, que ayudan a ahorrar en las cuotas tributarias procedentes de exenciones fiscales, deducciones o bonificaciones.

Los autónomos, como recomendación, deberían conocer todas las posibilidades a las que pueden acogerse para optimizar sus recursos económicos y pagar menos cantidades  por los impuestos en torno a su actividad.

Los tipos de beneficios para los trabajadores por cuenta propia

Algunos de estos beneficios son auténticas ayudas para autónomos, quienes van a ver reducida su carga impositiva a través de:

1. Deducciones

Las deducciones permiten minimizar de manera directa la base imponible del impuesto. Se aplican a la cuota íntegra, la cual ha sido calculada tras el tipo impositivo. Para poder disfrutar de las deducciones debemos cumplir una serie de requisitos como, por ejemplo, haber realizado donaciones, que hayan nacido hijos en la familia o se tenga doble imposición internacional.

Asimismo, el autónomo tiene derecho a deducirse los gastos relacionados con su actividad. Así, las deducciones llegarán también a los arrendamientos, los consumos de explotación, los costes de los servicios bancarios y los gastos financieros de préstamos o créditos.

2. Exenciones

Una exención permite al autónomo no pagar la carga fiscal que por normativa le correspondería. El derecho a la exención se adquiere en los siguientes supuestos:

– Cuando no existe obligación tributaria, aunque sí que se haya producido hecho imponible.

– Cuando existe obligación para pagar el impuesto, pero el pago queda condonado.

– Cuando existe obligación, pero, a posteriori, se reembolsa el dinero pagado, por ejemplo: doble imposición, como ocurre con algunos impuestos pagados en el extranjero.

3. Aplazamiento de impuestos

En circunstancias especiales, como ocurrió con la crisis económica derivada de la pandemia y el confinamiento por la COVID-19, el aplazamiento de impuestos es un simple retraso de las cantidades a pagar otorgado por el fisco. Hacienda permite el aplazamiento como la posibilidad de fraccionar los pagos de las deudas u obligaciones tributarias. El organismo, en este caso, recibirá el importe total de las tasas y podría aplicar un recargo por el acuerdo a través de intereses de demora.

4. Bonificaciones o tasas reducidas

Implican una reducción en los importes a pagar tanto a Hacienda como a la Seguridad Social. Uno de los ejemplos más claros es la tarifa plana, que permite pagar menos cuota desde el inicio de la actividad y pasados dos o tres años, dependiendo de la Región en la que estemos dados de alta. Estas bonificaciones se amplían para autónomos colaboradores, jóvenes o mujeres víctimas de violencia de género. Existen, asimismo, tipos reducidos de IVA, los cuales varían dependiendo de la actividad realizada.

Por último, también existen tipos reducidos en el IRPF. Todo trabajador por cuenta propia que inicie una actividad pagará la mitad de este impuesto, esto es, el 7 y no el 15 %. Si la inicia en zonas rurales o si es menor a los 30 años, entre otros supuestos, la bonificación se extenderá un ejercicio más, hasta los 3 años.

Estos son los tipos de beneficios fiscales para el autónomo. En el caso de que solicite financiación, como la que ofrecemos en Aválam, el autónomo puede deducirse los gastos financieros derivados del importe concedido, al igual que puede acceder a exenciones en el pago de impuestos si adquiere inmuebles para la realización de su actividad profesional y a ayudas públicas.